Leí “Novela de ajedrez” (o Schachnovelle) de Stefan Zweig (trad. Carlos Fortea, Bogotá: Debolsillo, 2025), escrita entre 1938 y 1941, y publicada póstumamente en 1942. Es una novela corta que logra que el lector comprenda lo perturbador de un encierro en la nada (en este caso, lo que puede suceder en la psique de un individuo encerrado durante un largo período, por la Gestapo, en una habitación de hotel, sin posibilidad de contar con alguna distracción). Estamos, en mi opinión, ante una de las obras más perturbadoras y maravillosas de la literatura europea del terrible período del nazismo. Es fascinante cómo Zweig logra construir un thriller psicológico de altísima tensión, en tan pocas páginas, en un espacio tan reducido como un barco (en donde se relata la historia de un abogado que fue encerrado en un hotel, en la nada) y en el contexto del ajedrez.
Ahora bien, esta obra es potente, en primer lugar, porque plantea un duelo de dos mundos que se enfrentan en una partida de ajedrez. De un lado, está Mirko Czentovic, un jugador habilidoso por naturaleza, de nacimiento (no por esfuerzo propio), pero carente de cultura, inteligencia y empatía. Por fuera del tablero de ajedrez no es nadie. Pero, mientras juega, es mecánico, impávido y brutal. Él representa la naturaleza brutal del hombre, que tanto defiende el totalitarismo (el mismo que estaba en pleno auge en Europa en ese entonces).
De otro, está el Sr. B, un jurista culto, inteligente y empático, que no estaba dotado naturalmente para el ajedrez, pero aprendió a jugarlo por resistencia: fue su escapatoria para evitar la locura en su encierro en la nada: “No nos hacían nada… tan solo nos dejaban en la más absoluta nada, porque, como es sabido, nada en el mundo ejerce una presión tan grande sobre el alma humana como la nada” (p. 50). Su genialidad no nace del talento natural, sino del trauma y el aislamiento que lo vuelven frágil. Él representa la voluntad de la cultura que, en no pocas oportunidades, rivaliza con la naturaleza de la fuerza bruta.
En segundo lugar, esta obra es perfecta para análisis psicológicos y psicoanalíticos. En este caso, se diagnostica al señor B con “esquizofrenia ajedrecística”. Zweig describe rigurosamente el deterioro psicológico de quien se ve encerrado en la nada, y cómo el cerebro, para sobrevivir, busca una salida maniaca (en este caso, jugar ajedrez, mentalmente, contra sí mismo), la cual termina devorando al propio Sr. B. La idea de dividir la mente en dos (una parte juega con las blancas y otra con las negras) es una metáfora poderosa de la fragmentación de la identidad.
En tercer lugar, este es el testamento de Zweig. Cabe destacar que esta fue su última obra, enviada al editor poco antes de su suicidio en Brasil en 1942. Tristemente, se siente en sus páginas la desesperación de un humanista que siente que la cultura está destinada a abandonar la partida contra la barbarie.
En cuarto lugar, en un mundo como el nuestro, que suele premiar la fuerza bruta y sobre la reflexión humanista, la advertencia de Zweig sigue más viva que nunca. Y me pregunto: ¿quién ganaría hoy la partida en nuestra propia psique?
Por todo esto, no puedo dejar de recomendarla (2026/04/04).

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