Leí la novela En agosto nos vemos (Bogotá, Random House, 2024) del magnífico Gabriel García Márquez. Se trata de una obra póstuma que ha generado un intenso debate literario y ético, principalmente porque fue publicada en 2024 contra la voluntad expresa del propio autor, quien en sus últimos años llegó a decir que el libro no servía y lo mejor sería destruirlo, aunque nunca lo hizo.
Primero, no puede compararse la publicación de esta novela póstuma sin permiso del autor, con lo acaecido con Kafka, a quien llegamos a conocer en su genialidad gracias a que Max Brod publicó su obra póstuma sin su permiso. ¿Por qué? Porque esta obra póstuma de Gabo no romperá la historia, como sí lo hizo la de Kafka.
Segundo, la novela sí cuenta con aspectos innovadores e interesantes. Resalto el protagonismo femenino, pues Gabo logra transmitir las emociones, el pensamiento, el deseo y la autonomía sexual de una mujer madura, Ana Magdalena Bach, quien llegó a llorar “de rabia contra ella misma por la desgracia de ser mujer en un mundo de hombres” (p. 120). Ella es el centro absoluto de la narrativa, con una fuerza tremenda que, tristemente, no logra ser equilibrada con el desenlace de la propia historia.
Tercero, está clara la presencia de Gabo en cada una de sus páginas. A pesar de que la obra no logró ser pulida, su forma de escribir es perfectamente reconocible, en cosas como la cadencia de las frases, la puntuación (una de las cosas que más le he admirado) y la atmósfera precisa del trópico caribeño que él tanto amó. En este sentido, leer esta obra es un encuentro nostálgico con su autor.
Cuarto, la obra está a medio camino. Algunos pasajes adolecen de profundidad. Hay contradicciones internas. Hay escenas que aparecen y no se entrelazan cabalmente con el grueso de la narración. Hay personajes con un gran potencial que quedan solo en eso. En síntesis, le falta carne; sin embargo, se ve la estructura ósea de lo que pudo haber sido una de sus mejores obras. Estoy seguro de que, de haberse completado, habría rivalizado con El amor en los tiempos del cólera, mi obra favorita de este autor. Empero, he visto un interesante debate que simplemente aquí planteo: ¿tiene valor literario la imperfección? En este caso no, pues Gabo no quiso dejarnos una obra incompleta para desafiarnos como lectores. Antes bien, él no quiso verla publicada en ese estado. A mi modo de ver, es triste ver cómo lo que pudo ser un gran edificio, solo llegó a mostrársenos en planos.
Quinto, planteo un dilema ético: hablando desde la moralidad, no desde lo jurídico, ¿tenían derecho sus hijos de publicar esta novela a pesar del querer de su padre y autor? Unos dirán que nadie tiene derecho a publicar una obra póstuma en contra de la voluntad de su autor, pero si eso esto cierto, Max Brod se extralimitó al darnos a conocer a Kafka. Otros dirán que sí, porque es, en el fondo, un gesto generoso con los lectores.
En fin, si alguien quiere leerla, que sea benigno en sus juicios. Que sea un motivo para la nostalgia, no para el desamor. 2026-03-14.

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