Sobre cómo sanar: quien forma, también se forma

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Vi “Monsieur Lazhar” (“El profesor Lazhar”, Canadá, 2011) dirigida y escrita por Philippe Falardeau [1968- ], y con un reparto interesante: Mohamed Fellag (aplausos), Sophie Nélisse y Émilien Néron, entre otros. La película narra cómo Bachir Lazhar (Mohamed Fellag), refugiado argelino en Canadá, reemplaza a una profesora que se suicidó dentro del aula. Como profesor, no solo enseña sino que, también, contribuye a la sanación de sus estudiantes (aun impactados por la muerte de su maestra) y de sí mismo (por el duelo que trae de su país natal). Estamos ante una película que logró muy buenas críticas y varios reconocimientos, entre ellos una nominación a “Mejor película de habla no inglesa” en los Oscar. Su fama es consecuencia directa de su calidad. Estamos, pues, ante una gran película que si bien parte del drama y del dolor producto de la pérdida (de los estudiantes y del profesor), logra arribar a la alegría y a la sanación, sin caer en lo cursi ni en la sensiblería burda (que vende bien, por demás). En cierto sentido, arroja una esperanza dentro de la tragedia. Pero lograr generar estos sentimientos en el auditorio exige mucho de los protagonistas, y allí está uno de los méritos de la cinta: las actuaciones, en especial la de Fellag, son de gran calado. Quisiera hacer unas reflexiones generales sobre el filme, sin desmedro que el lector pueda hacer otras mejores. En primer lugar, la película es mucho más que cine de educación; estamos ante un drama, especialmente sobre cómo llevar y superar el duelo (en este caso, el profesor, mientras forma, es formado; mientras ayuda a sus estudiantes, se ayuda a sí mismo). En segundo lugar, con la cinta surge la posibilidad de cuestionar el excesivo moralismo que afecta las relaciones humanas hoy día. En el caso en cuestión, la prohibición de todo contacto físico con el estudiante, asunto del que tanto se habla en la obra. Es obvio que ha habido abusos y contra ellos hay que manifestarse, pero prohibir o racionalizar plenamente las formas de relacionarse los seres humanos no creo que sea la solución. Pongo otro ejemplo: ante los acosos indebidos a las mujeres, ¿cómo actuar? En el fondo, si se va la mano, podría llegar a estigmatizarse el cortejo mismo e implantar el miedo al contacto con el otro, no sea que se crea acosado. Digo, para evitar malentendidos, que todo en sus justas proporciones. Algo así, mutatis mutandis, es lo que expone el filme, especialmente cuando finaliza con un abrazo entre una estudiante y el profesor, que si bien está prohibido, no es censurable sino esperanzador. Y, finalmente, en lo que atañe a la despedida, necesaria en muchos casos: ante el duelo por la muerte (que es la partida sin despedida), la respuesta humana sería poderse despedir cuando un ciclo se cierra. La despedida duele, pero igualmente sana. En conclusión, esta película me hizo recordar a mis mejores profesores, los cuales no solo me dieron información útil, también me sentaron pautas sobre cómo afrontar la vida. La (alegre) nostalgia es el premio por sus enseñanzas. 2018-01-19.


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